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La producción escritural de Gabriela Mistral es enorme. Dan testimonio de ello las numerosas recopilaciones que aún hoy día se están haciendo de sus prosas periodísticas y sus epistolarios. No ocurre de igual modo con su obra lírica. Sólo cuatro libros publicados en vida y, entre ellos Ternura, que reitera en parte el corpus de los poemas de Desolación y que anticipa algunos de los de Tala.La explicación de este fenómeno se encuentra en su fuerte sentido autocrítico en lo que a poesía se refiere y en el respeto que le produce el volumen publicado. Pudo publicar un primer libro en las Ediciones de los Diez y no lo hizo, según consta en una carta que Gabriela Mistral dirige a Pedro Prado en el mes de noviembre de 1916. En efecto, la autora había tenido en mente en 1915 la publicación de un libro cuyo título habría de ser Suaves decires. Libro del cual da noticia la Revista Sucesos, número 662 del 3 de junio de 1915, con ocasión de la publicación de su poema "Hablando al Padre" y al cual también se refiere en una carta a Eugenio Labarca con las siguiente palabras: "Ha mediados del presente año publicaré un volumen de versos escolares.  He querido hacer una poesía escolar nueva, porque la que hay en boga no me satisface; una poesía escolar que no por ser escolar deje de ser poesía, que lo sea, y más delicada que cualquier otra, más honda, más impregnada de cosas de corazón: más estremecida de soplo de alma"[1]Sin embargo, al año siguiente su respuesta a Prado es:"En cuanto a su ofrecimiento harto honroso para mí sobre edición de un libro, debo contarle que de un año a esta parte la fiebre de dar el primer volumen se me ha ido.  Me parece hoi una cosa remota la publicación de una obra. He cobrado tal respeto al volumen, a lo que representa un libro, que llego a sonreír recordando que he pensado alguna vez en darlo, temeraria, injenuamente... Como cantidad, hai material para más de un volumen; como calidad, creo que no lo hai"[2]Consta que hubo otras personas interesadas en publicar su obra: Manuel Guzmán Maturana y Armando Donoso (director de la Editorial Chilena.  Pero sólo en 1922, gracias a la gestión de Federico de Onís se publica su primer libro, Desolación, en Nueva York. Mi penetración seguirá los pasos de la autora en su breve aventura editorial. No someteré a análisis cada libro en su globalidad, sino que intentaré hacer algunas calas desde aquellos rasgos que a mi entender son definitorios de su obra lírica total. Desolación [3] (1922) es un libro doloroso que se cierra con la promesa de palabras de esperanza. Libro en el cual la indagación sobre el propio quehacer es evidente e iluminadora.  Ternura[4] (1924) que testimonia el carácter oral de su poesía y cuya voz se adelanta a su tiempo enunciando desde una perspectiva existencial el doloroso destino de muerte que marca toda vida humana. Tala[5] (1938) la voz religiosa y americana y Lagar[6](1954) el discurso femenino y maduro que plantea al lector especializado el problema de la relación entre poesía vida en la obra lírica de la autora.  Discurso profundo y estremecedor que nace de una nueva experiencia de muerte. Poema de Chile[7] (1967) no fue entregado para su edición por la autora. Pienso que ello ocurre por el carácter "sui generis" del proceso creador de este libro. Poema de Chile es una escritura paralela, especie de memorias que la autora realiza desde muy temprano y que mantiene a lo largo de su vida.  De este hecho dan testimonio algunas cartas en que pide se le describa plantas o animales de la tierra chilena, detalles que ella puede haber olvidado en el voluntario autoexilio en que desplegó su vida. En este libro me detendré en el estudio del carácter oral de la escritura de Mistral.Desolación.  Mucho se ha escrito en relación a la poesía de dolor y muerte que constituye el libro. Todo ello es indudablemente verdadero. Tanto que la propia autora incluye en él dos textos en los cuales explícita su deseo de salir de la poesía dolorosa y centrarse en adelante en la expresión de otro tipo de realidades.  Estos textos son el poema "Palabras serenas" en que se expresa la nostalgia de "un verso sonriente", en el que se explicita el anhelo de un temple de ánimo que "rompe a cantar",  y el breve ensayo que cierra el libro titulado "Voto". Eco de la nueva actitud es también la dedicatoria a don Pedro Aguirre Cerda y Juanita Aguirre de Aguirre, a quienes agradece la hora de paz que vive. Estas palabras que no pertenecen al estatuto de la mímesis, que son reflexiones conceptuales, dan también cuenta del cambio de actitud, del paso de la conciencia del hablante a un estado positivo desde el cual se emite las promesas. "Palabras serenas" y el "Voto" son un volverse la escritura sobre sí misma, un detenerse, analizar y decidir voluntariamente un cambio de actitud. El carácter de reflexión metapoética se hace presente ya desde los títulos. No es la serenidad en sí lo buscado sino las palabras serenas y un voto son las palabras por las cuales el hombre se compromete a un modo de acción futura.Muchos son los caminos que uno podría escoger para penetrar Desolación, pero pienso que la presencia de la palabra es una vía que se nos propone desde los propios textos. Palabra presente como acto de comunicación, como canto y como palabra creadora [8]."Palabras serenas" juzga lo realizado hasta el momento como "un listado de sangre con hiel". Listado es el recuento de los hechos del pasado, uno a uno, y todos ellos marcados con el signo negativo de la amargura. Pese a la presencia amenazante de la muerte el texto despliega un nuevo sentir. Una auténtica conversión ha tenido lugar: "mudemos ya por el verso sonriente".  
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Avatar del usuario danizc123 Danizc123 06.06.2013 Gracias (0)
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